
Estábamos en el bar con los pibes tomando algo. Los cinco de siempre. Después de discutir un rato decidimos ir al abasto. Más allá de que odio esa zona (que esta llena de putos y lesbianas), decidí ir.
Yo estaba de un humor de mierda. Como siempre, antes de salir me había peleado con mi novia. No le gusta que salga, no confía en mí. Cree que me la paso de putas cuando salgo.
La cuestión es que partimos para el abasto y después de 1 hora de cola, soportando a los especímenes que andan por esas calles, entramos.
Compramos vodka con Speed. Nos fuimos para el fondo, en la parte de música electrónica, y nos pusimos en típica ronda a chupar e intentar hablar. Imposible que se escuche por el volumen.
Pasaron las horas. De a poco cada uno va encontrando su pareja de charla y de eskavio. Este fenómeno, por una cuestión matemática, genera que siempre uno quede en pelotas por la sencilla razón de que somos 5. Uno con uno, el otro con el otro, y yo, cada ves mas chupado y mas enojado.
Como a las 5 de la mañana, me senté en la barra. Solo. No pensaba irme a mi casa si ya había pagado 20 mangos de entrada.
Me pido un Whisky (mi tendencia autodestructiva es directamente proporcional a mi borrachera). Lo termino y me pido otro. Esta ves con speed en vaso grande. Pasa el tiempo.
Pienso en mi situación conyugal, no quiero saber más nada con esta mina, me tiene loco de la cabeza. Pasa más tiempo y no pasa nada.
Las ganas de vomitar son insoportables. Me paro y voy con los chicos para tratar de despejarme y hablar un poco. Imposible, están todos muy enredados en una conversación que parece apasionante. No hay lugar para este cuerpo destruido.
Empiezo a arrastrarme rumbo al baño, y quedo varado a mitad de camino contra una columna. No aguanto más y me echo un pato de aquellos. Me recupero un poco. Voy hacia un banco y me siento. Mientras miro la gente tomo un poco más de mi trago.
No pasan ni diez minutos. En eso diviso en la barra del frente a una yegua infernal. Una rubia impresionante. Tetuda, culona y anoréxica. Perfecta. La miro… no paro de mirarla e imaginarme lo que sería echarse un polvo con la bestia esa. Me pongo de humor (imaginarme historias porno es algo que me contenta y me calienta). Sigo tomando. En un momento me da la impresión de que me mira. “Sí, me miró” me digo a mí mismo, pero después reflexiono: “Boludo, en este estado no podes hacer foco ni en la gorda que atiende la barra”. Era imposible que esa mujer se fijara en alguien como yo.
No pasa ni un minuto y la rubia me mira de vuelta. Esta vez es la posta. Me miró y me volvió a mirar. Y me sonríe. Yo me enloquezco. Se me para automáticamente. Le sonrío y le hago un ademán con la cabeza. Me hace señas de que me acerque. Camino como puedo entre los polizontes hasta donde esta ella.
Cuando estoy a poco menos de 10 centímetros de su cara, huelo un perfume que me eriza los pelos del cuello. Me acerca la boca a la oreja y me susurra “vení, bailá conmigo”. Me agarra las manos y las pone sobre su culo. Se empieza a mover de una forma que para mí era nueva. Algo nunca antes visto. Del mas allá. Encima yo tengo menos baile que no sé qué. Lo único que hacia era franelearle el culo y las tetas, y por ahí masticarle el cuello.
En un momento miro para un costado y, haciendo un esfuerzo inhumano, enfoco la cara de mis amigos que me miraban. Más que sorpresa, creo que era susto lo que trasmitían. No lo podían creer los muchachos. Nadie lo podía creer. ¡Que hacía tremenda yegua con un pelotudo así?!
La mina me chapó del cogote y me entró a comer la boca como nunca me la comieron en mi vida. Me metió la mano en el pantalón y me entró a franelear la verga. Yo estaba que no daba más. La cargué de las gambas y la puse contra una pared. Le saqué las tetas del escote y le empecé a chupar todo.
Estábamos a full. Ya teníamos público y todo. En eso me dice: vamos a otro lado que me da vergüenza (Vergüenza?... Pedazo de puta sos, y me venís con vergüenza!).
“Vamo a mi casa”, atino a decir mientras intento mirarla a los ojos. Ella asiente tímida y me toma de la mano esperando que la guíe.
Llegamos a casa, yo con media pinchila al aire y ella totalmente destetada. Todavía con el whisky en la mano. Se notaba que ella estaba también muy borracha.
Nos vamos para la pieza y nos tiramos en la cama de mi vieja.
A partir de ahí mis imágenes son muy difusas. En ese momento sentía que tenía a mi disposición el cuerpo más perfecto y pulposo que podría haber imaginado. Sentía que me iba a matar. Era una fiera.
El alcohol una vez más hizo de las suyas. Mi siguiente recuerdo es despertarme a la mañana.
La sensación de sufrimiento y dolor que sentía no era solo producto de la resaca. Empiezo a reconstruir la noche. Se viene a mi cabeza la imagen de las caras de mis amigos cuando yo estaba con ella. Tengo una rara sensación de incomprensión, de duda y hasta temor. De pronto mi cabeza hizo un click. Intento incorporarme y un intenso dolor en lo bajo me lo impide. Tanteo al costado de la cama: ella no esta. Las caras de mis amigos no eran de sorpresa… eran caras de incomprensión, de susto. Con la otra mano tanteo la mesita de luz hasta hallar un pedazo de papel. Lo leo:
“espero que la hayas pasado lindo papi. Un beso. Quique: 155324678”
4 comentarios:
Hasta una parte pensamos que era verdad..boludooooo!!!
Y sin leer los nombres de als firmas les re pegamos.. y a este le pegamos por la parte q habla de la novia...rami esta siempre de novio...
Me cagó de gusto la historia...
tiene un final muy gracioso, pero imposible reirse...
porque mientras lo vas leyendo te metes tanto en la historia tratando de imaginar al personaje, que siempre fuiste vos, Rami, para mi, y lees con mucha intriga...
el final me mató...
un genio
abrazo vieja
jojoo... rami, las ganas q tenes q esa historia sea verdad! vamos..sos putazo.. pero sos pulenta igual! adios
eu muy bueno culia,
no lo habia leido,
ta enial
Publicar un comentario